Hace unos días, tuvimos un encuentro entre una serie de personajes que estamos bastante infectados con eso que llamamos la Reggae fever. Un suceso de esos que si eres un poco espiritual comprendes que no ha pasado por simple casualidad.

Bien, pues a continuación vamos a hacer un pequeño resumen intentando recordar algunos de los pasajes que compartimos, ya que pensamos que puede ser muy positivo para el resto de Reggae addicts.

Lo primero que nos gustaría comentar, a la hora de tenerlo bien claro antes de seguir avanzando, es que el Reggae es una cultura que aglutina a adictos de todas las edades. Sin embargo, se podría decir que cada generación ha sido atraída por motivos muy diversos, incluso opuestos, debido a las diferentes épocas y sus respectivas tendencias dominantes. Digamos que una de las claves para tener un público tan amplio ha sido que a través del Reggae los artistas han intentado mostrar que todo es posible. Es decir, nos ha enseñado a luchar por nuestros sueños con expresiones como “si puedes concebirlo, puedes lograrlo”, aunque realmente lo más importante es saber elegir cual es el sueño. Ya sabéis, ¿busca el bien de la comunidad o es simplemente algo relacionado con el éxito personal?

No obstante, como ya hemos recordado en más de una ocasión, está música nació en una época donde había grandes ansias por mejorar el modo de vida. En nuestros días, con tanta confusión y la tan citada apropiación cultural, no es cansino el recordar que las raíces de esta cultura están en Jamaica, exactamente cuando acababa de declararse independiente. Por entonces, aquellos primeros artistas disfrutaban de una creatividad que alentaba al pueblo a superar la pobreza, la opresión y la discriminación para así poder cumplir sus sueños. Por lo tanto, en el ADN de todos los géneros jamaicanos está ese sentimiento de lucha y esto es algo que nunca deberíamos de pasar por alto. De hecho, ni siquiera deberíamos caer en la tentación de sólo mover el culo sin preocuparnos por luchar por nuestros derechos. Ojo, los guerreros y guerreras también bailan, pero saben cual es su acometido en cuanto a la militancia.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, también es muy importante la correspondencia del artista con lo que dice y lo que vive o ha vivido. De hecho, seguramente hayas participado en muchas conversaciones donde se han tratado asuntos como “hacen una llamada a la resistencia desde el sillón de su casa” o “hablan del bien pero luego van pisando a sus hermanos y hermanas”. Ciertamente, cuando algo se repite tantas veces no significa ni que sea verdad ni que sea aplicable a la mayoría, es más suele ser un bloqueo que no ayuda a cambiar la realidad actual. La persona que intenta concienciar a sus semejantes no tiene por que ser juzgada por su procedencia o por haber cometido algún error en su vida, todos nos equivocamos y bien sabemos que sin fallo no hay aprendizaje. Lo que si es de vital importancia es que sus intenciones sean puras con el pueblo y no persigan otros objetivos más cercanos al ego y la fama, ya que si que es cierto que la falta de correspondencia con la verdad podría crear cierta desconexión al correr el riesgo de hacer una música vacía, sin vida alguna, que sólo se limita a reproducir o intentar imitar lo que otros artistas si que han hecho de verdad.

Otro tema que frecuentemente sale a la luz en cualquier charla que pretenda analizar el estado de la escena es el uso descontrolado de los tópicos. Con todo, ¿a qué nos referimos cuando decimos los tópicos? El ejemplo más claro es la marihuana. Es increíble la cantidad de canciones que salen mensualmente sobre esta planta que no aportan nada nuevo al legado musical de esta cultura. Salvando las distancias, es como el chiste de “padre, ha parido madre. ¡Otro tonto!”. Entonces, ¿quién le dice a esos cantantes o grupos que tienen que seguir grabando ese tipo de ‘ganja tunes’? Bueno, de hecho, se ha dado el caso de gente que canta odas a la planta sin ni siquiera consumirla. Esto es debido a que es un tema recurrente que genera muchos clicks y reproducciones, por lo que da cierta visibilidad a los autores. Pero, en verdad, ese posicionamiento suele ser generado más por ‘la tontería’ que por el activismo que conlleva la verdadera lucha por la legalización. Otros tópicos, más o menos afortunados, son los dreadlocks, el rastafarismo, etc etc etc.

Además, si situamos sus inicios en el Ska, habría que pensar que la música popular jamaicana lleva más de 50 años en el planeta, sin tener en cuenta estilos anteriores como el Mento o el Calypso. Ahora, si viajamos hasta aquella época, como ya vimos en el artículo de “la primera comercialización del Ska”, es una música que fue extraída del gueto y transformada con el único objetivo de que fuese consumible por el oído occidental. Es decir, que fue diseñada para una gente y una época en concreto. Si se estudia el resto de géneros ocurre prácticamente lo mismo. De ahí que desde hace un tiempo hayan comenzado a sonar las alarmas con la preocupante falta de interés en las nuevas generaciones con determinados géneros, aunque tampoco es de extrañar por lo comentado anteriormente. Dicho de otra forma, son músicas que no han sido pensadas para el modo de vida que sufrimos hoy en día. Igualmente, esto también ocurre a la inversa, los géneros más actuales también han sido creados con las mismas teorías y, por ello, implican cierto rechazo entre las generaciones con más solera en esto de la música jamaicana.

Todo esto es lógico, si bien también nos indica que dependiendo del caso siempre hay una preocupante falta de tacto e interés por el origen, el presente o el futuro de esta cultura. No es bueno quedarse anclado en una posición estática y continuamente desprestigiar la evolución o, por el contrario, las raíces. Ojo, el pensamiento crítico de una persona experimentada también es muy importante para que tampoco nos arrebaten los principales mandamientos que podemos observar a lo largo de la historia de esta cultura, como en la vida misma, pero también es fundamental entender el presente y para ello hay que escuchar a los más jóvenes. Vaya, que no es negativo el comentar ciertos temas, lo negativo es la mala interpretación que pueda hacer cada persona. Es más, casi que debería ser de obligado cumplimiento el chequear todas esas obras de arte que ha habido en las sucesivas épocas y estilos, igual que las últimas novedades, para saber apreciar la inmensa capacidad del artista jamaicano para seguir desarrollando nuevas propuestas, algo que siempre ha tenido una influencia brutal en la música de todo el planeta.

Otra de la señales que denotan la alarmante situación que vivimos es la falta de motivación entre los más jóvenes a la hora de promocionar esta cultura. En la primera década de este nuevo siglo se pudo ver como una oleada de chavales se ponían a trabajar muy activamente por difundir esta cultura. Surgieron un montón de sounds, selektahs, cantantes, etc. Bien, pues pasado todo este tiempo lo que seguimos viendo, salvo contadas excepciones, es a los supervivientes de esa oleada. Muchos de los cuales no han sabido leer que su público ya no es el mismo ni tiene los mismos gustos y necesidades, por lo que año tras año están disminuyendo su actividad debilitando la fuerza del movimiento. Cierto es que el resurgir del Dub aportó sangre nueva, pero es algo que de momento se ha quedado estancado en ese estilo y parece ser que apenas ha repercutido en el resto de géneros de raíz jamaicana.

Llegados a este punto, vamos a detenernos en la figura del gurú del Reggae contemporáneo, la persona que propone o recomienda qué es lo que hay que oír y ver. Día a día, podemos observar en la música Reggae como demasiadas personas que se dedican a esto de los mass media se están convirtiendo en esclavos de las grandes agencias de comunicación, discográficas o festivales… ya sea por amistad o por una serie de necesidades de un posicionamiento social más importante entre lo que llamamos el ‘artisteo’. Esto sólo acarrea la lamentable repetición de nombres y el abandono de los artistas que no tienen un mecenazgo. Por consiguiente, todas estas personas están malentendiendo su función como promotores musicales. Del mismo modo, quien no cede a ese juego o rechaza esas prácticas es tachado y vilipendiado por no seguir la corriente principal.

Por cierto, para finalizar, os recomendamos echar un ojo a un documental, llamado “Dub it yourself”, que publicaron hace unos meses unos compañeros en Cataluña donde se aborda lo sucedido en Barcelona en los últimos 20 años. En este audiovisual, dirigido por Pau Garriga, se tratan otros asuntos muy interesantes que también os podríamos haber comentado en este artículo pero, por respeto a su obra y sobretodo por el buenísimo resultado, es mejor que os empapéis directamente con su trabajo. Disfrutadlo.