Escribir sobre el tema rastafarismo se torna complicado, ya que hay muchísimo desconocimiento desde los dos bandos, el creyente y el ateo. Ambos dan veracidad a una serie de hechos que ni siquiera han podido vivir en sus carnes.

Hoy vamos a hacer una pequeña incursión en Shashamane, el mundo de los últimos rastas de Etiopía… la tierra prometida.

Hay una comunidad rasta llamada Shashamane en Etiopía, a unos 250 kilometros de Adís Abeba, en la región de Oromia. En 1948, el ex emperador etíope Haile Selassie reservó allí 500 acres de tierra, unos dos kilómetros cuadrados, para los descendientes de los esclavos que deseasen volver al continente africano. Esto fue un gesto de agradecimiento al apoyo que recibió de la diáspora africana durante la invasión italiana de Etiopía de 1935 a 1941.

La idea de la repatriación la había puesto sobre la mesa el jamaicano Marcus Garvey en los años 20, quien abogaba por la vuelta a África de los descendientes de la esclavitud en américa. Etiopía era el lugar idóneo puesto que se presentaba como el único país del continente que nunca fue realmente conquistado. Ciertamente, a Marcus Garvey también se le asocia como el motivador del Rastafarismo, ya que fue él quien dijo «Mirad a África cuando un rey negro sea coronado, porque esa es la la señal de que el día de la liberación está cerca».

En 1930, el emperador Haile Selassie fue coronado en Etiopía, entonces los seguidores de Marcus Garvey lo interpretaron como la culminación de su pronóstico y llegó el Rastafarismo. La palabra Rastafari procede de Ras (Príncipe) y Tafari (el nombre real de Haile Selassie era Tafari Makonnen).

El Rastafarismo no llegó a ser conocido hasta los años 60 / 70 y realmente no alcanzó la popularidad hasta el auge de Bob Marley y otras estrellas de la música Reggae que estaban comprometidas con estos ideales. Pero su origen tuvo lugar en 1930 como un movimiento espiritual entre las familias de los africanos que quedaron atrapadas en Jamaica.

Estos tomaron al emperador etíope Haile Selassie como su mesías en un momento que destacó por ser el único monarca independiente en África. El caso es que hay más de 12.000 Km entre Jamaica y Etiopía, pero la comunidad Rastafari reverenció a Selassie y lo consideró como la tercera reencarnación de Dios en la Tierra, después de Melquisedec y Jesús.

Cuando Selassie murió en 1975, muchos de sus seguidores lo interpretaron como la «desaparición» del emperador de Etiopía, y no su muerte, negándose a creer que había fallecido.

El emperador fue partidario de la descolonización y la cooperación entre los estados africanos, que por entonces se encontraban bajo control europeo. Pero también hay muchas sombras sobra su figura, ya que se le señala como uno de los últimos líderes absolutistas de África, que aunque fomentó la modernización de Etiopía (a pesar de que el Rastafarismo apuesta por la vuelta al orden natural) también amasó una gran fortuna mientras la hambruna se extendía por el país. De todos modos, nunca sabremos que es verdad y que es mentira, ya sabéis que la historia la escriben los ganadores.

Por cierto, hablando de luz y oscuridad, también hay controversia respecto a esta tierra entregada por Selassie a los Rastafaris, ya que la región de Oromia está poblada por el pueblo de Oromo, cuyos integrantes alegan haber sido oprimidos durante años por la comunidad dominante en Etiopía, la Amhara, a la que pertenecía Selassie.

Actualmente las personas que viven en Shashamane han emigrado de otros países aparte de Jamaica, como por ejemplo Reino Unido o Francia. Hoy es el hogar de alrededor de 300 rastas, aunque la población ha disminuido considerablemente, ya que hubo un momento que llegó a albergar hasta 2.000 personas.