En los últimos años, se ha podido contemplar una especie de renacimiento de la música jamaicana en el Reggaeton.

El caso es que hasta se podría decir que se ha convertido en una tendencia en el género. Bueno, menos en estas latitudes.

El Reggaeton no se olvida del Reggae

Como ya hemos comentado en alguna ocasión, el origen del Reggaeton se sitúa en Panamá, más concretamente a mediados de los 70. Allí, los afrocaribeños crearon lo que se conoce como el ‘reggae en español’, una fusión de melodías Dancehall y Reggae con letras en castellano. Pero, en realidad, este tipo de propuestas no florecieron hasta los 80 con artistas como El General y Nando Boom.

Más tarde, en los 90, arrancó un género musical denominado como Dem Bow, que tuvo lugar a partir de un tema llamado «Dem Bow» del jamaicano Shabba Ranks sobre el Poco Man Jam Riddim. Más tarde, una pequeña modificación de ese ritmo daría lugar al Reggaeton que conocemos hoy en día.

Reggae no rigui

No obstante, a medida que el Reggaeton se convirtió en una música mainstream, sus raíces jamaicanas comenzaron a emerger desde las sombras. A lo largo de su historia, han sido muchos los artistas que han presentado sus respetos a la cultura musical jamaicana a través de revisiones de los grandes clásicos. De todos modos, mayoritariamente, este hecho se ha dado entre los artistas latinos. Mientras tanto, en estas latitudes se sigue ignorando toda esa conexión con Jamaica. Bueno, incluso hasta niveles del rollo ‘reggae no rigui’.

Algunas de las canciones revisadas son el mismísimo «Murder She Wrote» de Chaka Demus & Pliers, el «Heads High» de Mr Vegas, el «It Wasn’t Me» de Shaggy o ritmos míticos como el Fever Pitch Riddim. De hecho, dicha fusión cultural es cíclica y cada poco tiempo aparecen nuevas versiones. Asimismo, cada vez son más los productores y cantantes jamaicanos que también coquetean con el Reggaeton, véanse Rvssian, Sean Paul, Konshens o Busy Signal.

El estado de la cultura jamaicana

Entonces, si el Reggaeton ha prosperado, ¿por qué el género musical de donde viene no puede compartir ese mismo éxito? Probablemente, esto sea debido a la mala organización y la falta de recursos que siempre ha ido asociada a la industria discográfica jamaicana. Tampoco hay que olvidar que Jamaica es un país que ha sufrido la expoliación de patrimonio cultural, como hemos podido observar a lo lago de las décadas con toda esa multitud de artistas que han tomado prestado el sonido de la isla.

Más allá de los siempre referenciados Rihanna, Drake o Beyoncé, en la última etapa también hemos podido escuchar canciones como el «LUV» de Tory Lanez , «Megatron» de Nicki Nimaj o «Side to Side» de Ariana Grande. Vaya, que es probable que la influencia jamaicana sea más fuerte que nunca en la cultura Pop. Sin embargo, a estas alturas, se sigue sin premiar internacionalmente el enorme talento de todos esos músicos jamaicanos que tanto han hecho por la cultura musical de este planeta.

La globalización

Por ese motivo, quizá la industria discográfica debería reconsiderar su posición sobre la comercialización de la música jamaicana e invertir en sus valores. En verdad, artistas como Koffee o Shenseea son sólo la punta del iceberg, detrás de ellas hay un montón de mentes creativas con el mismo potencial que tan sólo están esperando a que se les de la oportunidad. Por cierto, os invitamos a conocer a Jane MacGizmo, si todavía no habéis oído hablar de ella.

Para finalizar, nos gustaría recalcar que la globalización del Reggae y el Dancehall no tendría que centrarse exclusivamente en esas ideas de asociarse al Reggaeton o al Afrobeat, dos géneros que han crecido con fuerte dependencia por los ritmos jamaicanos. En cambio, lo que si se debería de cumplir es la promesa de no olvidarse de reflejar las raíces de la cultura musical jamaicana en sus nuevas producciones.

El Reggaeton no se olvida del Reggae

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