Tras haber dedicado un par de artículos a los “Conceptos Básicos sobre los Sound Systems”, donde os hablamos de las vías, el filtrado y las cajas de graves.

En este tercer capítulo trataremos el peligro que corre nuestro cuerpo ante el mal uso de estos equipos.

Sería algo así como raro, si todavía no te hubieses percatado de cómo en los últimos años el número de sound systems ha aumentado a lo largo y ancho de toda la península. Eso significa que cada vez hay más personas que disfrutan de uno de los elementos más importantes a la hora de difundir la música de ascendencia jamaicana. Pero debemos de ser muy conscientes que los equipos que vemos por aquí son, en la mayoría de los casos, muchísimos más potentes que los utilizados en la isla. Por esa razón, la audiencia que asiste a este tipo de eventos podría estar expuesta a los daños corporales que puede acarrear un mal uso de estos equipos. Esto es debido a la gran presión sonora, más conocida como SPL (Sound Pressure Level), que estos sistemas suelen entregar. A niveles muy elevados, el SPL se puede convertir en un problema. De hecho, se podría deducir que se estaría olvidando el respeto a la seguridad de las personas que asisten a este tipo de bailes.

Uno de los detalles más alarmantes que deberíais de tener en cuenta, es que la gran mayoría de las crews que operan estos sound systems suelen llevar tapones en los oídos para evitar daños auditivos. Dicho de otro modo, si estas personas tienen cierto miedo a una exposición prolongada a altos niveles de SPL, entonces imaginaros el gran porcentaje de posibilidades para que nuestro sistema auditivo pueda ser dañado. Es más, en algunas ocasiones, incluso con tapones de filtrado elevado se puede seguir sufriendo dolores en los oídos y eso nos está indicando que ese sound system es literalmente un equipo perjudicial para la salud.

En realidad, todo esto es una especie de virus que ya hemos visto en el mundo del car audio durante muchos años, donde los usuarios siempre han querido presumir de muchísima potencia (sonar muy alto). Pero, por el contrario, ni siquiera han pensado en la calidad de sonido de sus propuestas y por consiguiente tampoco se han planteado que su forma de reproducir la música no tiene nada que ver con lo que el autor de esa obra había registrado. Por ejemplo, si tenéis la oportunidad de asomaros a los controles de cualquier sound system y observáis ‘las lucecitas en rojo’ en su mesa de mezclas, eso ya es una buena pista de que se están haciendo las cosas mal.

Ademas, es importante saber que a cierto nivel de presión sonora no podemos escuchar con nitidez, ya que nuestro sistema auditivo está comprimiendo la señal para intentar no sufrir daños. Dicho de otra forma, hay un nivel que implica riesgos a nuestro organismo al que llamamos el umbral del dolor, que está fijado a los 120 decibelios; aunque es cierto que depende de cada individuo. No obstante, los daños que puede causarnos el ignorar todos estos temas tan importantes no sólo afectaría a nuestros oídos, también se puede dañar al sistema digestivo o incluso hasta podrían llegar a reventarnos algunas venas. Es decir, los niveles de presión sonora elevados son un serio problema para la salud.

Del mismo modo, quizá sería correcto especificar que los daños que nos pueden causar las frecuencias asociadas a los graves son diferentes a los de los medios y agudos. Por si lo desconocéis, el oído humano está diseñado para escuchar a la perfección entre 300Hz y 3.500Hz. Asimismo, para entender esto mejor, os recomendamos echar un ojo al gráfico de las curvas isofónicas al final de este texto, donde podréis ver cómo funciona nuestro oído en cuanto a la relación decibelios y frecuencias. El caso es que hasta esos 300Hz es muy complicado hacer daño al sistema auditivo, es más, por debajo de esa frecuencia recibimos todo como más físico. Dicho de otra forma, las frecuencias más bajas son las que golpean al aparato digestivo e influyen en nuestro sistema cardiovascular y, bueno, también son las responsables del estado de ánimo de los asistentes. Ya sabéis, a más pegada de grave más difícil es dejar de bailar. Mientras que las frecuencias medias y altas, con longitudes de onda mucho más pequeñas que las de baja frecuencia, pueden hacer mucha pupa a nuestros oídos si su nivel es excesivamente alto. Digamos que son como cuchillas para nuestro sistema auditivo.

Un dato muy interesante es que toda exposición a más de 95 decibelios durante más de 4 horas seguidas causa una molestia en el sistema auditivo, según NIHL. En cambio, según OSHA el daño a esos 95 dB sería en menos de una hora. A continuación podéis comprobar ambos estándares, el NIHL y OSHA, para que podáis interpretar mejor los riesgos que estáis corriendo, ya que como visteis en la gráfica anterior un concierto suele emitir unos 110 dBs y algunos sound systems lo pueden superar con creces.
Ojo, y a todo esto quien tiene la máxima responsabilidad es el operador que está trabajando con el equipo. Debería de ser consciente que no es lo mismo sonar en una sala que al aire libre, donde la presión nunca será tan intensa. Es decir, no siempre hay que ir al máximo de las posibilidades que tiene tu equipo, lo que hay que hacer es ajustarlo a lo que requiere cada espacio. Es más, tened por seguro que quien quiera más presión ya se acercará a las cajas, mientras quien busque calidad se alejará de ellas. De hecho, siempre se puede poner un limitador para evitar que un error en el manejo dañe a la audiencia presente en el baile.

Vaya, que no siempre se puede decir eso de ‘the only good system is a sound system’. En cambio, lo que si podemos afirmar en todo momento es que si eres una persona que ama esta cultura siempre tendrá más valor una buena selección musical que la presión sonora sin control. Eso sí, cuando nos encontramos con un buen sound system que esté perfectamente equilibrado que, a su vez, esté siendo manejado por un operador experimentado y sea acompañado por una selección exquisita… eso es una experiencia que siempre se querrá repetir puesto que es saludable en todos los sentidos.