En realidad, esta es una pregunta que se debería de plantear con más frecuencia, ya que conlleva una larga e interesante discusión sobre los pros y los contras de cada sistema.

Nosotros, A modo introductorio, vamos a plantearos qué ocurre con el espacio sonoro en los soundsystems, (que trabajan generalmente en mono) y los monitores de cualquier sala (los cuales suelen reproducir el sonido en estéreo).

Lo primero que hay que tener en cuenta, es que cada persona tiene su propia interpretación de los términos ‘mono’ y ‘estéreo’. A pesar de que está afirmación parezca muy poco aclarativa, se presenta como algo necesario para poder entender, psicoacústicamente hablando, que cada sujeto siempre habrá sido influenciado por sus propias experiencias y expectativas a la hora de degustar un equipo en mono o estéreo.

Por lo tanto, para traducir la experiencia de una persona ante un sound system o frente a unos monitores de una sala se requiere un ajuste en el pensamiento conceptual. Digamos que para poder entendernos necesitamos un punto de referencia a la hora de comenzar la búsqueda de la respuesta más objetiva a la pregunta en cuestión. Bien, comencemos definiendo qué es Mono y qué es Estéreo.

Básicamente, cuando hablamos de un sistema de sonido monofónico estamos describiendo una forma de reproducir la señal de audio mezclada en un sólo canal. La gran ventaja de este sistema es que todas las personas escuchan la misma señal y, en sistemas diseñados correctamente, todos los oyentes lo escucharán con el mismo nivel de sonido. Por si hay alguna duda en cuanto a número de altavoces y el mono, los sistemas mono pueden tener múltiples altavoces, como es el caso de un sound system.

Los verdaderos sistemas de sonido estereofónico tienen dos canales de señal de audio independientes, simulando nuestro aparato auditivo. Por ello, las señales que se reproducen tienen una relación de nivel y fase específica entre sí, de modo que cuando se escucha a través de un sistema de reproducción adecuado, se estará reproduciendo la imagen sonora que había sido grabada en la fuente de sonido. Es decir, que la gran ventaja del estéreo, si existe la necesidad, es que reproduce la perspectiva auditiva y la localización de los instrumentos en un escenario sonoro. Ojo, esa representación es la elegida por el ingeniero de sonido a la hora de registrar la grabación. Por supuesto, esto significa mucho cuando entonces comprendemos que una señal mono en realidad es el resultado de la fusión de los dos canales de audio en algún lugar del espacio sonoro.

Pero no es oro todo lo que reluce, ya que si observamos más de cerca al estéreo, la perfección de este sistema sólo se encuentra si anteriormente ha habido un estudio acústico previo del lugar. Esa es la única forma de que la cobertura de los canales izquierdo y derecho en el área de escucha sea igual, en cuanto a niveles, frecuencia, etc. Puesto que, tristemente, lo habitual es que ese punto donde la escucha es ‘sweet’ suela quedar limitado a un área bastante pequeña. Mientras que cuando un oyente está fuera de esa área, la imagen se derrumba y solo se escucha uno u otro canal, perdiendo el paraíso sonoro que nos prometía la estereofonía.

Entonces, ¿cuál es el mejor? Al igual que con muchas cuestiones de sonido, no hay una única respuesta. Pero si nos atrevemos a decir que un sistema mono bien implementado satisfará a más personas que un sistema de sonido de dos canales mal diseñado. Aunque, lo importante a tener en cuenta es que, en verdad, siempre será el mejor el que funcione eficazmente dentro de las restricciones económicas, arquitectónicas y acústicas de cada caso.