Somos conscientes de que este título puede llevar a muy diversas interpretaciones, pero ciertamente estamos en una época en la que el Pop está muy presente en el Dancehall… o esperad, quizá sea al revés.
¿O ambas a la vez?.

Lo que si parece estar claro es que no deberíamos dejar que las estrellas del Pop se agencien del Dancehall.

Ahora, después de varios artículos sobre el tema, vamos a introducirnos en el mainstream mas puro y duro.

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Sean Paul

Si hoy en día tienes el suficiente valor de encender la radio, todavía puedes quedarte atrapado por la línea del bajo de alguna canción, pero lo más llamativo es fijarse en quien es el artista que firma esa grabación. El ejemplo más famoso ha sido el de Rihanna y su «Work», donde ha conseguido un sonido muy enraizado a la tradición de los riddims Dancehall. Además, si hablamos de sus líricas tiene un indudable guiño al patois jamaicano.

Pero también podrás ser sorprendido por otros reconocidos artistas como Drake, Justin Bieber o Tyga, es decir, el Dancehall es más común que en ningún otro momento de su historia. Sin embargo, el contexto cultural de estos sonidos se está volviendo más difícil de rastrear y a la vez que se incrementa su alcance mundial también son olvidados los orígenes de este género musical.

Como seguramente todos sabéis, el Reggae y Dancehall comenzaron como formas de resistencia de las comunidades marginadas dentro de Jamaica. El bebé fue concebido tras la evolución musical de la isla desde los años 50. Esa preciosa amalgama de sonidos jamaicanos iba desde el Mento al Ska, pasando luego por el Rocksteady, junto a los sonidos que llegaban desde Estados Unidos, como pueden ser el Jazz y el R&B. Por cierto, os recomendamos echar un ojo a nuestro artículo sobre el 50º Aniversario del Rocksteady.

Unas décadas más tarde llegaría el Dancehall, un nombre que se tomó de las zonas de baile donde sonaban los sound systems, y que de alguna forma fue creado como reflejo del estilo de vida de las comunidades más marginadas de la isla. Muy lejos del entorno en el que se mueve en estos días fuera de la isla.

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Pero realmente no fue hasta principios de los 2000 cuando el Dancehall vivió su primer gran momento internacional. Recordad el «Baby Boy» de Sean Paul junto a Beyonce, o el mismísimo Beenie Man con su famoso «King of The Dancehall». Ellos fueron algunos de los responsables de que la antorcha del Dancehall recorriera todas las listas del mundo.

No hay que olvidar que en los 90’s ya fueron Shabba Ranks y Super Cat los que se encargaron de acercar estos ritmos a los oídos de los seguidores de otros estilos. Al menos hay que citar a Super Cat y sus colaboraciones con Diddy, B.I.G. y Kris Kros, que fueron las primeras veces que el reggae se relacionaba con el Hip Hop, mientras que Shabba Ranks y sus letras sin filtro sexual, como «Mr. Loverman», le impulsaron rápidamente hacia la fama mundial.

Dada la historia de resistencia del dancehall y reggae, es alarmante ver cuando llega una «reactivación» de la cultura que ha sido impulsada por artistas tan alejados de los orígenes de esta música; y se vuelve aún más inquietante cuando los artistas incorporan una versión light del patois en sus canciones. Hay una sensación incomoda que refleja gran parte de la conversación anterior sobre la propiedad cultural de las comunidades jamaicanas cuando se ve triunfar a artistas como Lucas DiPascale o Joss Stone. Mira, buen momento para recordar las palabras de Bounty Killer cuando hablaba del castigo al Reggae y al Dancehall.

Y si vamos un poco más allá, se podría afirmar que parece que esto podría eliminar los esfuerzos de artistas dancehall como Spice o Tifa que han trabajado para llevar hasta el límite sus letras y shows en vivo para redefinir la acción y la sexualidad de las mujeres.

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Spice

Después de toda la carga anterior, nos gustaría aclarar que este texto no va orientado para decir que otros artistas no pueden tomar prestados elementos de un género al crear nueva música, pero al menos deberían ser conscientes de que hay personas que han dedicado sus carreras a dar forma a los sonidos que les han inspirado para ese cambio. Por ello, lo que pedimos es un reconocimiento a los creadores de esos primeros sonidos y al legado de aquellas leyendas.

Del mismo modo, que también se puede comprender lo expresado si se defiende la idea de que hay que trabajar hacia la fabricación de nuevos sonidos en lugar de rehacer los que ya existen con claras intenciones orientadas al lucro, es decir, algo así sería la explotación del talento de otros.

 


 

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