En la actualidad, la mayoría de los cantantes son meros productos. Esto es debido a que con el paso del tiempo el papel artístico de estos ha ido perdiendo importancia hasta convertirse simplemente en pequeñas piezas del complejo engranaje de la industria musical.

Por ello, Hoy vamos a volver a hablar de Bob Marley con motivo de la publicación de una nueva biografía sobre el Rey del Reggae.

Se podría decir, con poco margen de error, que hoy en día los cantantes son moldeados por las compañías discográficas de la misma manera que cualquier otra empresa controla sus productos. Aún así, sobre ellos cae una gran responsabilidad, ya que de sus movimientos dependen los sellos, las radios, los promotores, etc etc etc.

Pero de vez en cuando llega un artista especial. Alguien que parece hablar por la gente y que su música no aparece como un gesto comercial. Es como si estuviera liderando las necesidades culturales del pueblo, dando voz a sus sentimientos. Digamos que es un representante cultural.

Llegados a este punto, es muy difícil encontrar a alguien que haya personificado mejor este papel en la escena global que Robert Nesta Marley. Cuando los fans sienten esa energía, esos artistas se convierten en una parte muy importante de sus vidas. Hablamos de la vibración pura de ese sentimiento y las resonancias que despiertan en nuestro interior, ya que el juego de moda de «querer ser artista» no transmite verdaderamente lo que el fan se piensa que ha sintonizado.

«Bob Marley se convirtió en la voz del dolor y la resistencia del tercer mundo», dijo Jon Pareles, crítico musical de New York Times.

Marley fue la persona que introdujo el Reggae y el Rastafarianismo en gran parte del planeta, convirtiéndose en un embajador crucial de esas subculturas. Además, desde prácticamente su aparición, se puede decir que es el rostro de Jamaica, de lejos su hijo más famoso, aunque en el presente tiene en Usain Bolt un serio competidor.

Pero al mismo tiempo, la política del cantante era revolucionaria. En su tema «War», Marley declara la guerra contra el racismo. En «Redemption Song» nos desafía a responder a los asesinatos de Martin Luther King y Malcolm X. En «Them Belly Full (but We Hungry)» critica el sistema de clases en Jamaica. En «Zimbabwe» llama a liberar a las naciones africanas. En «Burnin’ & Lootin'» se refiere a la resistencia violenta. En «Get Up, Stand Up» hace un llamado a la acción. Es decir, Bob estaba hablando por los oprimidos e instándoles a rebelarse, pero curiosamente era un revolucionario negro que no asustaba a los blancos.

Esta misma semana, se ha publicado una biografía oral del jamaicano llamada «So Much Things to Say», de Roger Steffens, donde se narra la vida de Marley desde la cuna hasta la tumba a través de una serie de entrevistas que Steffens ha ido recopilando durante décadas.

«Esta va a ser una larga lucha trágica que va a necesitar de muchos héroes cotidianos», dijo Jaffe, amigo de Bob, en relación a «I Shot the Sheriff».

Por ejemplo, en una de esas entrevistas, se habla de la creación de «I Shot the Sheriff». Esther Anderson, una de sus muchas novias, dice que el origen estaba en un detalle de su relación con el cantante. Ella afirma que se trata del control de natalidad, ya que Bob siempre estaba detrás de ella intentando tener un bebe y cuando se enteró que Esther tomaba la pastilla anti-embarazo aparecieron frases como «Cada vez que planto una semilla la mata antes de que crezca». Pero también aparece un amigo del artista, Lee Jaffe, que dice que estaba sentado con él cuando escribía la canción, quien afirma que ese tema habla sobre la imposibilidad de derrotar al sistema, porque incluso si te deshaces de un hombre de la ley, siempre hay otro justo detrás de él.

El caso es que en este nuevo libro hay un grupo de personas que pintan a Marley como si fuese una especie de Jesucristo, un niño nacido sin nada que se convierte en una persona profundamente espiritual y un líder natural. Además, para redondear ese personaje, también vuelven a sacar a la luz sus supuestos poderes psíquicos. Se dice que hasta hizo la premonición de la edad de su muerte.

Sin embargo, para entender un poco mejor la figura de Marley hay que comprender su infancia. Él era como el patito feo y, por ello, fue marginado socialmente. Los blancos le trataban como un chico negro y los negros eran muy críticos con su raza mixta, de padre inglés y madre jamaicana; y se burlaban de él.

«Su color parecía ser un impedimento dondequiera que fuese, lo que le hacía girar hacia adentro, un alma solitaria que confiaba en sus propias fortalezas internas», según Segree Wesley, un amigo de infancia de Marley.

Una nota curiosa, que también trata esta nueva publicación, es que siempre se ha dicho que en sus inicios la voz de Marley no convencía ni siquiera a sus más allegados, pero a través de un trabajo minucioso consiguió un status mundial que pocos artistas han vivido.

Otro dato emotivo es que todo el éxito y la fama que acompañó a su magnífica carrera nunca pudieron detener el buen corazón de Bob. Se habla de que pudo ayudar a más de 4000 personas, muchas de ellas dependían del artista hasta para comer diariamente. Digamos que siempre se preocupó de tener un fondo para cubrir las necesidades de los más desfavorecidos.

Y para acabar, nos gustaría tratar un capítulo de la vida de Marley que no es tan aireado como lo hablado anteriormente: Bob Marley y la mafia. Parece una combinación poco probable, pero al parecer el rey del reggae se reunió con Joe Armone, un miembro de alto rango de la temida familia Gambino, en septiembre de 1980 para pedir protección, más concretamente para un concierto en el Madison Square Garden junto a The Commodores. Por cierto, como es obvio, esta información también aparece en esta última biografia oral de Bob Marley.

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